Antón

Diciembre 2009

A este rubiales lo llevaron sus humanos a esterilizar a la protectora y ahí quedó. Se lo “olvidaron”.

El pobre sufrió horrores y le costó mucho adaptarse a la protectora; se puso malito, paso un estrés terrible. Por suerte todo eso forma parte de su pasado y se ha convertido en un gato mimoso, confiado y dulce, que está dispuesto a encontrar, al fin, un hogar definitivo donde no lo “olviden”.

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